Llevamos más de una década montando el entretenimiento de fiestas de empresa, convenciones, family days, kick offs e incentivos para compañías de todos los tamaños, desde una startup de treinta personas hasta una multinacional con dos mil asistentes en un pabellón.
Un evento corporativo tiene un problema que no tienen las bodas ni los festivales: la gente llega por obligación. Van porque lo organiza la empresa, muchos no se conocen entre departamentos, y la mitad ha decidido de antemano que se irá pronto. El entretenimiento es lo que rompe esa inercia. Cuando hay algo que hacer con las manos, una cola en la que se charla y una pantalla donde se ve quién va ganando, la sala se mezcla sola en veinte minutos y ya no hace falta que nadie fuerce las presentaciones.
Por eso no proponemos un catálogo cerrado. Antes de recomendar nada preguntamos tres cosas: cuánta gente viene, qué quiere conseguir la empresa con el evento y cuánto espacio real hay. No es lo mismo un afterwork de sesenta personas en una azotea, donde funcionan los futbolines, la coctelería en vivo y un fotomatón, que una convención de ochocientos comerciales donde hace falta una zona de simuladores con capacidad de rotación alta y un marcador común para que el juego dure toda la tarde.
Trabajamos con nuestro propio material y nuestro propio equipo técnico. Eso significa que el mismo interlocutor que te pasa el presupuesto es el que coordina la descarga, el montaje, los azafatos que atienden cada actividad y la recogida. No subcontratamos la parte crítica, que es justo donde se rompen los eventos: material que llega tarde, personal que no sabe explicar el juego, o una actividad que ocupa el doble de lo que decía el plano.
El presupuesto suele ser la conversación difícil, así que la abordamos pronto. Un evento corporativo puede resolverse con una actividad bien elegida o con una zona de quince, y las dos cosas funcionan si el reparto es coherente con el aforo. Lo que no funciona es repartir poco dinero entre demasiadas actividades: acaba habiendo colas en todas y la sensación general es de escasez. Preferimos deciros esto antes de mandaros la propuesta, aunque implique recomendar menos elementos de los que esperabais.