La pregunta que más nos hacen no es cuánto cuesta un hinchable o un fotomatón, sino qué encaja en un evento concreto. Y la respuesta casi nunca depende del producto: depende del tipo de evento. Un juego de reflejos que arrasa en un stand de feria puede quedarse vacío en una cena de gala, y una estación de coctelería que triunfa en una fiesta de empresa estorba en medio de un festival con cinco mil personas pasando por delante.
Hay tres variables que mandan. La primera es el tiempo que cada invitado puede dedicarle: en una feria son cuarenta segundos, en una boda pueden ser diez minutos, y en una fiesta mayor la gente entra y sale durante horas. La segunda es si el público está de pie, sentado o en movimiento, porque eso decide si la actividad tiene que ser rápida y visible o puede pedir concentración. La tercera es el espacio real disponible, que casi siempre es menor que el que figura en el plano una vez se descuentan pasillos, salidas de emergencia y zona de catering.
Con esas tres respuestas la lista se reduce sola. Para eventos corporativos con agenda apretada funcionan las actividades cortas y repetibles que se colocan en las pausas. Para celebraciones privadas y bodas, las que generan foto y recuerdo. Para festivales, fiestas mayores y centros comerciales, las que mueven cola y aguantan un flujo constante de gente durante horas sin que el personal se agote ni el material se rompa.
Después está el calendario, que en este sector pesa tanto como el presupuesto. Mayo y junio concentran las fiestas de empresa y los family days; septiembre y octubre, las ferias y las convenciones; diciembre, las cenas de Navidad y los fines de año. En esas semanas el material bueno se reserva con dos o tres meses de antelación, así que la diferencia entre montar lo que querías y montar lo que quedaba libre suele decidirse mucho antes de firmar nada.
Barcelona como base, toda España como radio
Tenemos el almacén en Barcelona y de ahí sale todo: los camiones, el material y el equipo de montaje. Eso permite que en el área metropolitana podamos resolver cambios de última hora el mismo día, y que en el resto de Cataluña el transporte casi nunca sea el factor que desequilibra un presupuesto. Trabajamos con regularidad en recintos como Fira de Barcelona, hoteles de costa, polígonos y plazas de pueblo, que son escenarios muy distintos entre sí y cada uno con sus permisos.
Fuera de Cataluña montamos en toda España, con equipos que se desplazan y con el transporte siempre desglosado en el presupuesto para que se vea qué parte es alquiler y qué parte es logística. En eventos grandes fuera de la provincia solemos proponer una visita técnica previa o, como mínimo, una llamada con el responsable del espacio: media hora de conversación ahorra casi todos los problemas que aparecen el día del montaje.