Cubre las horas muertas
Apertura de puertas, cambios de escenario y madrugada. Son las franjas en las que el público se dispersa o se marcha, y las que una zona de ocio convierte en tiempo dentro del recinto.
Eventos
Los festivales y grandes eventos reúnen a miles de personas durante uno o varios días en torno a la música, la comida, el deporte o la familia, con actividades continuas.
Zonas de entretenimiento, hinchables, simuladores y activaciones que dan al público algo que hacer entre concierto y concierto.
Montamos zonas de entretenimiento completas para festivales, macroeventos y grandes recintos: decenas de actividades, estructura, personal y rotación pensada para miles de personas a lo largo de varios días.
El cálculo que casi nadie hace al programar un festival es cuántas horas está el público sin nada que hacer. Entre el momento en que se abren puertas y el primer concierto grande pasan a menudo cuatro horas; entre actuaciones hay huecos de treinta o cuarenta minutos; y siempre hay una parte del público que no ha venido por la música sino porque venía acompañando. Esa gente necesita algo, y si no lo encuentra dentro, sale del recinto y muchas veces no vuelve.
Una zona de entretenimiento resuelve ese hueco y además tiene un efecto secundario que interesa a producción: distribuye al público. Cuando hay algo que hacer en la parte trasera del recinto, la presión delante del escenario baja y la circulación mejora. Montamos zonas de entre cinco y treinta actividades según el aforo, con estructura, vallado, señalización y personal propio en cada punto, y con un plan de rotación para que las colas no se coman la tarde.
También trabajamos la parte de patrocinio, que es donde un festival recupera presupuesto. Las marcas quieren un espacio propio que la gente use, no un arco hinchable con su logo. Un juego personalizado, una fan zone con simuladores o una activación que regala producto funcionan mucho mejor, generan fotos y permiten al festival vender un espacio con valor real en lugar de un simple soporte publicitario.
Una cosa que aprendimos a base de festivales: el material de una zona de ocio tiene que soportar un uso que no se parece a nada. Tres días seguidos, doce horas al día, con público que ha bebido y que no trata los aparatos con cuidado. Por eso llevamos repuestos de todo lo que se desgasta, un técnico de mantenimiento en los montajes grandes y criterios claros de cuándo se retira una unidad. Es la diferencia entre una zona que sigue funcionando el domingo y una que va perdiendo actividades.
Apertura de puertas, cambios de escenario y madrugada. Son las franjas en las que el público se dispersa o se marcha, y las que una zona de ocio convierte en tiempo dentro del recinto.
Poner actividad en la zona trasera reparte a la gente, baja la presión delante del escenario y mejora la circulación general, algo que producción y seguridad agradecen.
Un espacio activo con juego personalizado vale mucho más que un soporte estático. Permite al festival subir el valor del patrocinio y a la marca llevarse participaciones y contenido.
Plano, superficie disponible, aforo estimado por día, horarios de apertura y accesos para vehículos pesados.
Qué actividades, cuántas unidades, cómo se distribuyen, cuánta gente mueven por hora y cuánto personal hace falta por turno.
Seguros, certificados de material, fichas técnicas y lo que exija el ayuntamiento o la dirección del festival.
Montaje previo a puertas, operación durante todos los días con personal en cada punto y desmontaje al cierre.
El error más frecuente al diseñar una zona de ocio es pensar en número de actividades en lugar de en capacidad por hora. Una actividad espectacular que solo atiende a quince personas cada sesenta minutos genera una cola desproporcionada y deja mala sensación. Preferimos combinar dos o tres piezas llamativas con varias de alta rotación, de modo que siempre haya algo disponible en el momento y la cola se reparta.
Con el aforo y el horario del festival podemos calcularlo antes de montar nada. Os decimos cuántas participaciones por hora soporta la zona propuesta y cuántas personas quedarán esperando en la franja punta. Es un número incómodo a veces, pero permite decidir con datos si hace falta añadir unidades o si el diseño aguanta tal como está.
Sí, es lo habitual en festivales. Montamos antes de la apertura del primer día y operamos con turnos de personal durante toda la programación, incluyendo el mantenimiento y la reposición de material entre jornadas.
Seguro de responsabilidad civil, certificados del material, fichas técnicas con pesos y consumos, y lo que pida el organismo competente. Es una parte que resolvemos nosotros para que producción no tenga que perseguirla.
Depende del aforo. Como referencia, para un festival de cinco mil personas al día trabajamos con zonas de entre trescientos y ochocientos metros cuadrados. Con el plano del recinto os decimos qué cabe y cómo distribuirlo.
Sí, es material profesional preparado para varios días de uso continuo, y llevamos repuestos de lo que más se desgasta. Nuestro personal está en cada punto controlando turnos y seguridad durante toda la jornada.
Sí, es lo normal en festivales. Nos integramos en el planning general, respetamos las ventanas de carga y descarga y coordinamos con producción, seguridad y el responsable de recinto. No necesitáis hacer de intermediarios entre nosotros y el resto de proveedores.