Cubre el cóctel sin robar protagonismo
Juegos de jardín, caricaturistas o un mago que va de grupo en grupo. Ocupan a los invitados mientras los novios hacen las fotos, sin música alta ni escenario, y sin que nadie tenga que sentarse a mirar nada.
Eventos
Las animaciones para bodas son actividades y espectáculos que entretienen a los invitados durante el cóctel, el banquete o la fiesta, sobre todo en los ratos de espera.
Fotomatones, juegos, espectáculos y barras dulces para que la parte de después de la ceremonia sea la que todos recuerdan.
Montamos el entretenimiento de bodas desde el cóctel hasta la barra libre: fotomatón, juegos de jardín para la hora del aperitivo, espectáculos de sobremesa y carritos de comida para la madrugada, con material propio y personal que no se va hasta que acaba.
Una boda tiene tres momentos muertos que casi nadie planifica: el cóctel, mientras los novios están haciendo fotos; la sobremesa, cuando ya se ha servido el postre y la pista aún no se abre; y la madrugada, cuando media pista se ha sentado. Ahí es donde entra el entretenimiento. Un fotomatón en el cóctel, unos juegos de jardín en la terraza y un carrito de comida a las tres de la mañana rellenan exactamente esos huecos y hacen que la boda se sienta larga en el buen sentido.
Trabajamos mucho con fincas y masías de Cataluña, pero también con hoteles, playas y casas particulares. Eso obliga a pensar cada boda por separado: si el cóctel es en césped, los juegos tienen que ser estables sin anclaje; si la sobremesa es en una sala con techo bajo, los espectáculos aéreos quedan descartados y funciona mejor la magia de cerca mesa por mesa; si hay generador y no toma de red, hay que saber el consumo de cada aparato antes de aparecer con él.
Casi todo se puede personalizar: el photocall con vuestros nombres, las impresiones del fotomatón con la fecha, la ruleta de premios del final de la noche con los apodos de la familia. Son detalles pequeños que cuestan poco y que la gente se lleva puestos a casa, que es al final lo que convierte una boda buena en una boda de la que se sigue hablando dos años después.
Una cosa que se pregunta poco y decide mucho: quién manda el día de la boda. Los novios están ocupados y el wedding planner, si lo hay, tiene veinte frentes. Por eso nuestro responsable llega con las instrucciones cerradas por escrito: a qué hora se enciende cada cosa, dónde va exactamente, a quién se pregunta si hay una duda. Si no hay planner, nos coordinamos directamente con el maître de la finca, que es quien de verdad controla los tiempos del banquete.
Juegos de jardín, caricaturistas o un mago que va de grupo en grupo. Ocupan a los invitados mientras los novios hacen las fotos, sin música alta ni escenario, y sin que nadie tenga que sentarse a mirar nada.
El fotomatón sigue siendo la actividad que más se usa en una boda: impresiones al momento, álbum de firmas y copia digital para los novios. Se personaliza con los nombres, la fecha y el diseño que queráis.
A partir de las dos, media pista pide algo. Los carritos de comida, el hombre espejo o una barra de cócteles en vivo son lo que consigue que los invitados se queden hasta el final en lugar de irse escalonadamente.
Fecha, finca, número de invitados y cómo está montado el día: dónde es el cóctel, dónde el banquete y a qué hora abre la barra libre.
En 24 horas recibes qué actividad va en cada momento, cuánto ocupa, cuánta luz necesita y el precio cerrado del conjunto.
Coordinamos horarios de acceso, superficie, tomas de corriente y seguros directamente con el espacio, para que no tengáis que hacer de intermediarios.
Llegamos antes de que lleguen los invitados, montamos sin ruido y nos quedamos atendiendo cada actividad hasta la hora acordada. Al final recogemos todo.
Las bodas se reservan con mucha antelación, pero no todo hay que cerrarlo a la vez. El material principal —fotomatón, juegos de jardín, espectáculo de sobremesa— conviene bloquearlo en cuanto tengáis fecha y finca, sobre todo si es un sábado de mayo, junio o septiembre. El resto admite decisiones tardías: el carrito de madrugada, por ejemplo, se puede cerrar dos semanas antes sin problema.
El número final de invitados casi nunca es el que se dice al principio, y eso está previsto. Ajustamos cantidades hasta unos días antes sin penalización, porque sabemos que la lista se mueve hasta el final. Lo único que necesitamos cerrado con margen es la personalización impresa, que sí depende de un plazo de producción real.
Sí. Trabajamos en toda Cataluña de forma habitual y también nos desplazamos a Girona, Tarragona, Lleida, Baleares y el resto de España. El coste del desplazamiento aparece desglosado en el presupuesto desde el principio.
Depende de lo que contratéis. Un fotomatón suele estar entre tres y cinco horas, los juegos de jardín cubren el cóctel, y los carritos de madrugada trabajan un par de horas. Se puede ampliar sin problema si la boda se alarga.
Sí: impresiones del fotomatón, fondos de photocall, vinilos y premios. Necesitamos los nombres, la fecha y, si tenéis, el diseño de las invitaciones para mantener el mismo estilo. Con una semana de margen llega de sobra.
Se resuelve casi siempre. Parte del material funciona con batería y para el resto llevamos alargadores y, si hace falta, generador. Lo importante es decirlo antes para llevarlo previsto y no improvisar el día de la boda.
Se reserva con una señal y el resto se abona antes del evento, con las fechas indicadas en el presupuesto. Para bodas reservadas con mucha antelación repartimos el pago en dos plazos, que es lo más cómodo cuando se contrata con ocho o diez meses de margen.